Santiago González / Sara García
Anguiano – Madrid
Hola y últimos buenos días e-peregrinos:
Con un ambiente de tristeza y nostalgia, pero también de alegría y llenos de esta nueva esperanza que nos ha ido regalando el Señor a lo largo de este camino, comenzamos este último día con un desayuno español un poco más tarde de lo habitual, algo que para muchos hermanos ha sido un regalo de Dios.
Tras echar la última partida al tetris con las maletas, esta comunidad rodante se ha dispuesto a celebrar unas laudes acompañadas de la última eucaristía de este jubileo de la esperanza, en la cual se nos invitaba a estar atentos, pues no sabemos ni el día ni la hora en la que el Señor nos va a llamar a su encuentro.
Una vez finalizada esta celebración, esta comunidad ha manifestado mediante unos bailes innovadores en la plaza, la inmensa misericordia que Dios ha tenido con nosotros durante todos estos días.
Puesto que el Señor nos ha provisto de un tiempo libre para poder continuar haciendo comunión con los hermanos, algunos de estos han decidido hacer una expedición a un río cercano, al cual no todos los aventureros han conseguido llegar. Esta comunión se ha visto interrumpida por el demonio en forma de agresivos artrópodos voladores, que han hecho que algún hermano llegase herido a la comida.
Dejando atrás nuestra deseada pasta, y nuestra muy querida pizza, hemos podido degustar un menú más tradicional, para preparar el retorno al lugar donde todo comenzó.
Y de vuelta al autobús, hemos terminado con los últimos hermanos a los que les faltaba dar la experiencia. En ellas, hemos podido ver reflejada la inmensidad de gracias que se han hecho presentes en sus vidas. También, la conversión de los hermanos y como Dios nos ha ido ablandando el corazón, para ayudarnos a vivir en humildad, sencillez y alabanza.
Cuando menos nos queríamos dar cuenta, nos vimos de nuevo envueltos en abrazos de despedida y agradecimiento en la plaza Almodóvar, donde subieron unos peregrinos, y han bajado otros. Y aunque nuestros caminos se separan por el resto del verano, todos nos vamos con algo en común, este espíritu de renovación y de esperanza en Cristo.
Aunque este diario llegue a su fin, no queríamos dejar pasar la oportunidad de agradecer primero a nuestros catequistas, que no solo nos han acompaño en este viaje, sino también han demostrado la paciencia, el cariño, la misericordia, y su dedicación para llamarnos a la verdad, de la que tantas veces nos olvidamos.
También, queremos agradecer al resto de miembros del equipo de apoyo, así como a la médico y al del saco naranja fosforito, que han hecho posible que esta comunidad rodante siga adelante en los momentos de tribulación, de forma silenciosa pero eficiente.
Un agradecimiento a nuestro ya conocido y querido conductor, Eduardo, que nos ha acompañado una vez más en esta aventura, y esperamos tener la oportunidad de tenerle muchas más veces junto a nosotros.
Por si no había quedado claro en el resto de crónicas, le damos un gran saludo a José Luis, Marielvi, Lidia y a Juan Antonio, que aunque no nos hayan podido acompañar de forma presencial, han estado presentes en cada uno de nuestros corazones.
Gracias a esta comunidad rodante que se ha formado en estos doce días, por abrir la vida y el corazón a lo que el Señor nos ha ido marcando. Nos hemos dado cuenta de que todos somos pecadores, y de que la vida del cristiano se vive con la esperanza de que Cristo va a hacer una historia de salvación con cada uno de nosotros, gracias a este tesoro: la FE.
Por último pero no por ellos menos importante, queríamos agradecer a todos nuestros lectores que han vivido con nosotros esta peregrinación, a los cuales hemos podido tener cerca gracias a sus cartas y oraciones.
Aunque este viaje llegué a su fin, volvemos a casa con el corazón cambiado y a rebosar de esperanza, lleno de recuerdos que aunque son efímeros, nosotros guardaremos para siempre con nosotros.
Pero esto no es el final…
Todos estos peregrinos estamos dispuestos a continuar con esta comunidad rodante, por lo que…
¡¡¡Nos vemos en Seúl 2027!!!
"¡Tened valor, yo he vencido al mundo!"
Desde CNPSR queremos aprovechar para agradecer a nuestro equipo que iba en la peregrinación todo el trabajo realizado a pesar de los distintos contratiempos que han ido surgiendo a lo largo de los días y, por supuesto, a todos los peregrinos que habéis dedicado parte de vuestro tiempo y esfuerzo en colaborar con nosotros y a todos los que habéis abierto vuestras vidas para acercar a los que no han podido acompañaros vuestro peregrinar diario. Sin vosotros esto no habría sido posible. Que Dios os lo pague.