Roma 2025: 6 de agosto

Clara López / Fernando Aguado

Cremona – La Salette

Buenos días e-peregrinos

El día de hoy se ha presentado tranquilo; un revigorizante desayuno que nos ayudaría a sobrellevar el día. Así ponemos rumbo a la basílica de María Auxiliadora en Turín.

Al subir al autobús, se ha exhortado a varios peregrinos a obedecer y a tener cuidado con ciertas tentaciones del demonio. Tanto a los mas pequeños como a los más mayores.

Sin duda, la convivencia puede ser complicada y los roces nacen y queman. Sin embargo, en esta comunidad sobre ruedas tenemos la suerte de que Dios nos ha concedido el don del perdón. En estos días podemos seguir lo que Jesús nos enseño en Mateo 18 y se nos repite por boca de nuestros catequistas en este camino de salvación: "Si tu hermano te ofende, habla con él a solas para moverle a reconocer su falta".

El trayecto en autobús se presentaba desafiante, largas horas y pocas paradas, un desierto para nuestras peregrinas mas afectadas por sus necesidades fisiológicas.

Como Dios aprieta pero no ahoga, nuestro querido conductor nos deja cerca de la iglesia en la que celebraríamos las Laudes. Un grupo de avanzadilla se apresura al lugar, buscando aliviar sus necesidades. Y como su nombre indica, la gran basílica auxilió a nuestras queridas peregrinas.

Allí pudimos ver una réplica de la Sábana Santa, además de a Santa María Mazzarello y San Juan Bosco que descansan allí. Celebramos las Laudes en esta maravillosa e impresionante basílica que es una muestra de lo grande que puede hacer el hombre cuando esta en comunión con Dios y tiene fe. Ssí de grande y maravillosa es la historia que Dios hace con cada uno de nosotros.

Terminamos las Laudes y rápidamente nos dirigimos a comer en un restaurante cercano. La comida fue digna de un banquete de reyes: tabla de quesos, un delicioso farinat junto con prosciutto y mortadela italiana. Finalmente, una muy esperada pizza para compartir.

Una vez recobrada la energía nos disponemos, una vez más, a nuestro siguiente destino. Pasando los Alpes entre risas y conversaciones que impedían que algunos hermanos durmiesen, se sufrieron mareos que por suerte no llegaron a mucho más gracias a la siguiente parada.

Llegamos a un Carrefour Express con la amenaza de que esa noche no íbamos a poder llegar a cenar. Pero cuan grande es el Señor, que a sabiendas de lo débiles que somos, nos concede una vez mas otra gracia, el poder finalmente cenar en nuestro destino.

Al escuchar esto, los peregrinos decidimos comprar un par de caprichos para sobrellevar las curvas que venían después. Lo que no sabíamos es que esas curvas no solo venían de forma literal.

Nos encontramos con un poco de atasco, el cual descubrimos que fue causado por una ciclista que, ensimismada por la creación de Dios, pedaleaba en medio de la carretera, haciendo imposible que el bus la adelantara debido a los coches que pasaban por nuestro lado.

Conseguimos pasar a la ciclista pero los obstáculos y tribulaciones no cesaron. Pasamos por una amenazante montaña, curva tras curva, el camino se iba haciendo más estrecho. Cada giro mas difícil que el anterior. Por suerte, Dios nos ha regalado en este viaje a Eduardo, nuestro gran conductor que surfeó cada giro con gran maestría.

Desgraciadamente, nos acabamos encontrando con el gran Leviatán. Una curva, que como el oído y corazón del Faraón era impenetrable. Es por ello que no hubo mas opción que echar marcha atrás, con la ayuda varios peregrinos que iban indicando hasta poder llegar a una zona que nos permitiese dar la vuelta al autobús. Y nuestro gran héroe Eduardo, armado de valor, consiguió, junto con sus guerreros, dar la vuelta a nuestro gran corcel para poner rumbo a un nuevo camino que nos llevaría a nuestro destino.

Continuamos, nuestra gran odisea, sin embargo, al contrario que Ulises, nosotros contábamos con la ayuda y gracia de Dios, lo que calmaba nuestros corazones. Como hemos escuchado hoy en una de las cartas del apóstol san Pedro, esto puede parecer una fábula fantástica, más hemos sido testigos oculares de su grandeza.

Llegamos a nuestro destino, el santuario Notre Dame de la Salette, dispuestos a darnos un festín tras el gran navío. Una cena de "postín" nos estaba esperando; un pure de verduras que algunos peregrinos no tocaron por miedo a deshacer su belleza, unos filetes con salsa de mostaza y pasta con tomate y cebolla que, por lo que sea, es lo que más triunfó.

Terminamos de cenar rápidamente y un pequeño equipo saca las maletas del autobús para que Eduardo pudiese aparcarlo.

Conseguimos las llaves de nuestras habitaciones y descubrimos unas pintorescas estancias llenas de encanto. Camas con humedades extrañas, olores un tanto sospechosos… vamos, el sueño de todo peregrino. Algunas además, contaban con una experiencia inmersiva a un baño de cabina de avión. Otros tuvieron más suerte, pero si algo es seguro, tal y como ha dicho Yael hoy, "el Señor nos pone lo que necesitamos".

A las 11 de la noche (que se dice pronto) nos disponemos a celebrar la eucaristía, y como Pedro en el evangelio andábamos un poco dormidos, pero no podemos negar la gloria de Dios.

En cuanto acaba la eucaristía, todos nos dirigimos a nuestras habitaciones, pero tras ver el estado de algunas de las estancias, el pasillo se lleno de desconcierto y poco después, de risas y carcajadas. Finalmente, Yael nos guió a nuestras habitaciones entre bromas y palabras de animo. Se dice que esa noche Yael abandonó a Juan Carlos a su suerte y durmió en las sillas del final del pasillo.

Pero tranquilos peregrinos, que (y gracias a Dios) si hoy bien, mañana mejor.

Por parte de estos autores, no hay mucho más que añadir. Solo nos queda saludar a nuestros añorados José Luis, Marielvi, Lidia y, por supuesto, a nuestro párroco Juan Antonio.

Gracias a todos y hasta la próxima aventura.

"Que bien se esta aquí donde todo es resplandeciente" (Anastasio Sinaita, obispo)

2025-08-08T00:34:35+02:00
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