Miércoles, 03 Agosto 2016

1 de agosto

Por Ana Mª Velasco / Luis Miguel Pozanco

¡Buenos días hermanos!, resumiendo, ¡Que bueno es el Señor, y como nos cuida Carmen!.

Os contamos como nos fue el gran día de ayer:

Al comienzo del día los signos de cansancio en los peregrinos por la jornada anterior eran evidentes, pero no turbaban los ánimos de encontrarnos con el Señor en la Eucaristía y a través de las palabras de Kiko y el Padre Mario, muy esperadas por todos.

Con todo esto después del desayuno nos hemos dirigido al Santuario de la Divina Misericordia en Lagieswniki, uno de los más importantes de Europa, en el cuál hemos celebrado una maravillosa eucaristía en una de sus capillas, con la imagen de Santa Faustina Kowalska, patrona junto con San Juan Pablo II de esta JMJ. Esta Santa, canonizada por San Juan Pablo II, fue inspirada por el Señor, quien se le apareció en numerosas ocasiones, para que encargara la creación del cuadro del Jesús Misericordioso con la inscripción de "Jesús confío en ti", uno de los lemas de esta peregrinación. Este cuadro está presente en numerosas iglesias Polacas, y preside el Santuario de la Divina Misericordia.

Tras la eucaristía, en la que hemos podido degustar las gracias que el Señor nos está concediendo a través de las vivencias de los hermanos, hemos visitado la capilla con los restos de la Santa y hemos tenido un precioso momento de oración personal junto con peregrinos de todos los lugares del mundo. Sin duda otro regalo que el Señor nos ha dado en esta peregrinación.

Cercano al mediodía nos hemos dirigido al encuentro con Kiko.

El autobús nos ha dejado a una hora de camino y cuando hemos llegado a la entrada nos hemos inquietado al descubrir que había sido cerrada por la policia ya que el aforo previsto estaba completo. Han sido momentos difíciles, sin comida, ni agua, parados entre una gran masa de gente y sin opcion de descansar de la caminata; pero confiábamos en que nuestro querido Kiko no dejaría que nos perdieramos el encuentro miles de jóvenes por un problema logístico. Y así ha sido, al cabo de algo más de una hora han abierto de nuevo la entrada y han habilitado zonas nuevas para que pudieramos caber todos y pasadas las 16:00 ha comenzado el encuentro.

Como siempre el encuentro ha sido un derroche de gracias, palabras de consuelo y ánimo y, por supuesto, de mucho amor hacia los jóvenes. Kiko ha recordado a Carmen en todo momento y había preparado un vídeo de un encuentro en Lourdes en el que Carmen animaba a los jóvenes, y en especial a las mujeres, como siempre, a entregarse al Señor por amor al mundo. Han sido siete minutos de fuerza, como era propio en ella, que han sabido más especiales que nunca. Al finalizar el video hemos roto en un caluroso aplauso para Carmen, a la que Kiko ha encomendado que no lloviera, y aunque el demonio lo ha intentado, un par de minutos de lluvia hicieron que todos los peregrinos sacasen sus chubasqueros, pero como tantas veces hacía Carmen con Kiko, ha cortado la lluvia y no sólo eso, si no que nos ha dejado las nubes para no achicharrarnos como los dias que hemos pasado con el Papa. ¡Cómo nos cuida Carmen!.

El Kerigma de Kiko ha sido especialmente bueno, dicho por muchos de los peregrinos; ha hablado de la necesidad de Evangelizar Europa y de que el Señor nos ha elegido y creado únicos para ser felices.

Las palabras del Padre Mario también han sido potentes de cara a las vocaciones. Y aunque ninguno de nuestros peregrinos se ha levantado, hemos disfrutado viendo como 3.000 chicos, 4.000 chicas y 2.000 familias se han levantado para ofrecer su vida por amor a Dios y al hombre, con caras rebosantes de felicidad.

Tras finalizar el encuentro, de camino al autocar hemos podido disfrutar de momentos con hermanos de todo el mundo, con cantos del camino y un gran momento, al ver como al intentar iniciar la celebración que la selección de Islandia puso de moda en la Eurocopa, lo que 2 empezamos, poco a poco se convirtió en una celebración a la que se unieron cientos de hermanos en perfecta comunión. Otro regalo.

Hemos vuelto al hotel para cenar y descansar de la intensa jornada y prepararnos para lo que el Señor nos quiera regalar mañana.