Lunes, 01 Agosto 2016

30 y 31 de julio

Por Mª Ascensión Sánchez / Juan Tudela

Ya hemos alcanzado el ecuador y hemos pasado los dos días más importantes de la peregrinación, el encuentro con el Santo Padre en la vigilia del sábado y la Eucaristía del domingo.

El sábado, sin madrugar mucho, nos preparamos todos para ir caminando hacia el Campo de la Misericordia, donde iba a ser el encuentro. Nada más salir con nuestras mochilas e instrumentos empezamos a ver el reguero de gente que se dirigía hacia el campo. Muchos de los grupos íbamos cantando haciendo presente el principio y fin de nuestra peregrinación, el Señor y tener un encuentro íntimo con Él. A medida que nos íbamos acercando, la masa de gente iba siendo más y más intensa y el ver que no estamos solos, y que somos muchos los que acudimos a esta llamada, no hace otra cosa que confirmar en nuestros corazones que ahí es donde debíamos estar.

Tras llegar a nuestra zona y decidir donde acampar, empezamos a extender nuestras esterillas, plásticos y tiendas de campaña y una vez establecidos estuvimos esperando a que llegara el Papa; unos descansando, otros cantando, otros buscando amigos y familiares, pero todos conviviendo y disfrutando de una comunión intensa tanto entre nosotros como con la gente de nuestro alrededor.

No podemos dejar de mencionar lo afortunados que somos y lo que nos cuida el Señor; en cuanto te ponías a hablar con gente de grupos colindantes y te contaban las peripecias que habían vivido para llegar allí, no podíamos evitar dar gracias por la delicadeza con la que el Señor nos preparó este viaje.

Las palabras del Papa fueron maravillosas y fue un gran regalo que sellara para nosotros lo que en el Camino se nos repite tantas veces, tenemos que huir del aburguesamiento, nuestra vida no es algo chato y cómodo, es una aventura maravillosa que el Señor tiene para nosotros si nos dejamos. Hubo un frase que nos gustó especialmente, a Chon y a mí, "¿Queréis ser felices o estar en un sofá?". Aunque de palabras sencillas, tiene un trasfondo que ilumina una pequeña perla que tenemos en el corazón y que tantas veces olvidamos, si estás en un sofá no puedes perder la vida por el otro.

Tras el rato de oración con el Papa nos dispusimos a cenar y empezamos a preparar nuestras "camas" provisionales para pasar la noche; fue ahí cuando un voluntario, muy esmerado en sus tareas, nos cogió cariño y para que pasáramos la noche totalmente fuera de nuestros planes, nos invitó reiteradas veces y con un par de amigos policías, a que desmontáramos todas nuestras tiendas de campaña y chozas provisionales. La verdad es que nos costó mucho creer y entender la situación ya que toda nuestra área estaba plagada de tiendas de campaña, pero al final obedecimos y fuimos los únicos que las desmontamos de todo el área.

Amaneció sobre las cinco de la mañana y a las siete y media empezaron a despertar al personal, a través de la megafonía. Tras un desayuno y aseamiento de campaña nos dispusimos a vivir la Eucaristía con el Santo Padre. Ha hecho mucho calor y el sol no ha parado de brillar durante toda la celebración, pero entre paraguas, chubasqueros y plásticos hemos ido cogiendo unas cuantas sombras.

En la Homilía el Papa Francisco se ha centrado en aterrizarnos bastante el Evangelio, y ha sido un regalo enorme ver que sus palabras, una vez más, están en total comunión con lo que vivimos día a día en el Camino. Ha sido precioso ver como su explicación del Evangelio de Zaqueo complementaba y completaba la catequesis que recibimos del canto hace unos años en la convivencia de transmisión, cuando nos lo enseñaron. El mensaje claro: Zaqueo eres tú y el Señor puede cambiar tu vida sólo con que le dejes entrar en tu casa.

Tras la eucaristía hemos empezado a caminar para volver al hotel y hemos tenido que parar un rato y buscar una ruta alternativa, ya que los caminos principales estaban tan abarrotados de gente, que ha habido momentos en los que no podíamos ni andar, nos llevaba la marea de gente a base de empujones. Ha sido prudente el detenernos a comer algo y hemos podido dar un paseo por un bosque precioso de árboles altos que, aunque incómodo, nos ha permitido reenganchar de nuevo el camino al hotel. Cuando ya íbamos con un buen ritmo nos ha caído encima una tromba de agua que ha durado apenas 10 minutos, nos ha refrescado bastante pero ha sido incómodo el resto del camino con zapatillas mojadas y un sol intenso sobre nuestras cabezas.

Al llegar hemos tenido unas cuantas horas para descansar y después de la cena, como regalo extra, hemos podido visitar las minas de sal. Ha sido impresionante verlas y ver el trabajo que se ha hecho en ellas durante siglos. Como la guía no hablaba español, Fernando se ha estudiado lo que ha podido sobre el sitio y nos ha sorprendido con una gran explicación de la mina, sus salas y la historia del lugar.

Como conclusión a este fin de semana podemos decir que estamos muy cansados, hemos andado mucho y hemos pasado bastante calor, pero ha merecido la pena con creces. Es impresionante ver la cantidad de gente que ha estado en el encuentro y experimentar la comunión de la Iglesia en su heterogeneidad. Ningún disturbio, ninguna pelea, sino todo lo contrario. Unirse en oración a millones de personas a la vez abruma, te hace sentirte criatura, sella en tu corazón que él Señor es nuestro padre y nos quiere e infunde un sentimiento de pequeñez ante Él, que no puede ser evitado. Entre nosotros, como grupo, también se ha respirado este buen hacer del Espíritu Santo, y han sido todo ayudas de unos hermano a otros, siendo realmente una comunidad en peregrinación.i Dios está con nosotros, ¿quién contra nosotros?.