Sábado, 30 Julio 2016

29 de julio

Por Begoña Baza / Miguel Jerónimo

Queridos hermanos que peregrináis desde la distancia con nosotros y a través de la oración.

Hoy ha sido un día estupendo para abrir boca a lo que nos espera mañana. Aunque nos hemos despertado con el recuerdo amargo del horror que en nuestras retinas quedó grabado ayer en Auschwitz y se pronosticaba lluvia, el sol ha salido alto y hermoso para recordarnos que aunque el mal existe en el corazón del hombre, también en el nuestro, ayer mismo lo constatamos, Dios siempre es más fuerte. Tras una exhortación de nuestros catequistas y una llamada seria a conversión, hemos empezado un viaje en tren a Cracovia, llenos de alegría con la certeza de que el Señor todo lo hace nuevo y sigue yendo por delante de nuestros pasos.

Tras apenas media hora de trayecto nos hemos encontrado con Ana, la guía que nos ha acompañado durante toda la mañana para mostrarnos esta preciosa ciudad, escenario de gran parte de la vida del, como decía ella, "más grande polaco" que ha visto nacer esta tierra y que ahora nos acompaña desde el Cielo: San Juan Pablo II. Ana nos ha hecho gustar más allá de la belleza arquitectónica de Cracovia, que la tiene y mucha, la dicha de compartir la fe. Nuestro corazón votaba al ser conscientes de que nosotros hemos tenido la inmensa gracia de ser coetáneos de este gran santo que tanto ha significado para nuestras vidas. Hemos conocido los lugares que él pisó como estudiante, trabajador, seminarista, sacerdote, párroco, obispo y arzobispo: la iglesia donde se casaron sus padres, otra en la que ofició su primera misa, su primera parroquia, el río por donde navegaba o los montes por donde esquiaba o a los que subía durante la dominación soviética acompañado de jóvenes y matrimonios para celebrar clandestinamente la eucaristía. Nos ha contado que solían hacer un agujero en la tierra donde Juan Pablo II se escondía al resguardo de un par de kayaks cuando se presentaba la policía. Este hombre que no tenía miedo porque siempre se apoyó en el Señor, nos ha hecho recordar aquel "No tengáis miedo" que tanto ha marcado nuestras vidas, cuando hemos visto Cracovia repleta de jóvenes venidos de todas partes.

Un mosaico de camisetas de distintos colores, banderas, cantos, corros y lenguas inundaban la famosa Plaza del Mercado, haciendo patente que sólo la fe en Cristo Jesús, derriba las barreras entre los hombres y nos hace formar un solo cuerpo. Tanto ha sido así, que las más jóvenes de nuestras peregrinas, que durante gran parte de la peregrinación han expresado su angustia ante las noticias que nos han ido llegando sobre esta nueva amenaza que se cierne sobre nuestro tiempo, han cambiado las posibles compras, por participar en sus primeros bailes en corros de italianos, americanos y jóvenes, según ellas de todos los países del mundo "mundial". Después de esta rica visita a Cracovia, el Señor nos ha regalado una eucaristía estupenda en el hotel con una sala bien dispuesta, con un montón de vivencias, que no podemos compartir, pero que han sido un paso fuerte del Señor y que ha finalizado como una auténtica Pascua: "Cuantos bienes nos ha dado el Señor".

Mañana más y mejor: Nos espera con Su Misericordia en el Campo de La Misericordia. Rezad por nosotros.

Si Dios está con nosotros, ¿quién contra nosotros?.

Ricardo Sánchez-Porro