Jueves, 28 Julio 2016

27 de julio

Por Miriam Benedicto / Adrián Jerónimo

Después de un reparador descanso en las mejores camas de Praga, nos ponemos en camino "on time". Las múltiples obras en las carreteras checas se proponían, sin conseguirlo, retrasar nuestra comida en el casino de Ostrava.

Ya con el estómago lleno y, dispuestos a disfrutar de la siesta, aparecía en nuestro camino la primera parada obligada de una accidentada tarde: la frontera polaca. Una vez realizados los pertinentes controles de seguridad, en menos de una hora nos encontrábamos en nuestra segunda parada técnica. Esta vez, un pinchazo que nos obligaría a parar múltiples veces para ir inflando la rueda. Sin llegar a desesperar, la Divina Providencia y la pericia automovilística de nuestro "chauffeur" nos sorprendían, encontrando el único taller de vehículos de alto tonelaje abierto en Polonia a las 7 de la tarde. Poco más de 20 minutos y algunos aplausos hicieron falta a los fornidos mecánicos para poner a punto nuestro transporte, y más contentos que unas castañuelas, reemprendimos camino hasta Czestochowa, donde la lluvia nos estaba esperando.

Debido a las inclemencias meteorológicas y a la visita del Papa mañana al santuario, únicamente hemos podido ver la Basílica desde fuera. Sin embargo, algunos privilegiados hemos cerrado el día con el rezo del rosario bajo la lluvia. Un gran día. Mañana más y mejor.

La mies es grande y los obreros son pocos.

Teresa Gómez-Carpintero