Martes, 26 Julio 2016

25 de julio

Por María Díaz-Cordovés / Raquel López

¡Vamos formándonos como un sólo cuerpo!

Tras dormir en unas comodísimas camas, desayunamos a las siete, dispuestos a salir pronto, aunque la salida se retrasó un 'poco'.

Antes de nuestra primera parada técnica, pudimos echarnos una cabezada y reponer el sueño perdido.

Una vez en el autocar, admirar los paisajes nos sirvió para poder bendecir al Señor en Laudes por el mundo que nos ha regalado.

La siguiente parada fue en Zurich, para comer en una terraza. Allí recibimos dos sorpresas: la primera fue la llegada de nuestro párroco para unirse a la peregrinación; y la segunda, fue una tormenta inesperada en mitad de la comida, gran bendición de Dios tras un día de intenso calor en Montpellier.

Después de un rato de siesta en el autocar, juegos de cartas y muchas risas, rezamos Vísperas.

Tras un largo viaje, terminamos llegando al hotel de Altötting a las once de la noche, con el susto en el cuerpo tras pensar que no tendríamos cena. Pero la generosidad del Señor es grande y, finalmente, nos han dado una pequeña cena.

Ahora sólo pensamos en poder descansar tras la etapa más larga en autocar de toda la peregrinación.

¡Esto sólo acaba de empezar!

Dad Gloria, porque el Señor tiene más fuerza que la verguenza.

Paloma González