Lunes, 25 Julio 2016

24 de julio

Por Estefanía Benedicto / Matías Sánchez-Porro

Empezamos el día al son de las dulces e insistentes campanadas de la abadía de Montserrat, y tras un breve desayuno, de nuevo en la guagua (bus) nos pusimos en camino.

Después de un tiempo de oración silenciosa/siesta comenzamos las laudes del domingo aún en territorio catalán recibiendo la bendición final tras cruzar la frontera.

Ya en Francia paramos para comer a las afueras de Montpellier para luego celebrar la eucaristía con la Missio ad gentes, donde nos acogieron con mucha hospitalidad. Una eucaristía exprés pero intensa, en la que rezamos por todos vosotros. También hicimos presente a nuestro párroco que tanto habla de esta ciudad natal de San Roque. Estos hermanos de la misión nos abren su casa y nos sirven un pequeño ágape, allí donde vamos nos sentimos como en casa.

Retomamos la carretera y empiezan los concursos de furor, el ambiente empieza a coger bastante ritmo (es el segundo día, esperemos que los conductores sepan/puedan aguantarnos).

Sobre las 21:00 llegamos por fin Grenoble, al sureste de Francia, la capital de los alpes franceses. El Señor nos regala un hotel en pleno centro donde descargamos rápidamente las maletas para ir en busca de un restaurante, algo típico del lugar para catar un poco la gastronomía local, un tal Mcdonald's a muy buen precio.

Tras la copiosa cena decidimos pasear un poco para conocer algo más de ésta ciudad que nos acoge esta noche, pero vislumbrando el plan que nos espera mañana, es mejor descansar ya que nos espera una de las etapas más largas de esta peregrinación. El Señor está siendo muy bueno con nosotros y esto solo acaba de empezar.

Buenas noches, ¡mañana más y por supuesto mejor!

Hemos pedido y se nos ha dado; hemos buscado y encontrado; hemos llamado y se nos ha abierto y acogido como han hecho los hermanos de la Missio ad gentes de Montpellier. Un día de gracias y esto sólo acaba de empezar.

Yael Roldán